Testimonios cristianos

Así me convertí

Lesly de Ovando

Guatemala

Desde pequeña he asistido a la iglesia, y he tenido un encuentro real con Dios... con mi esposo Pedro y mi hijo Martín escuchamos "a través de la Biblia" en la emisora Radio Cultural TGN en Guatemala cada mañana al dirigirnos al trabajo. ¡Dios los bendiga!

Juan Guillermo Florez

Colombia

Mi nombre es Juan.
Hace ya algún tiempo conocí al señor de la manera menos esperada en el lugar menos pensado.
Crecí en un barrio conocido como la comuna 13, hijo de padres humildes, crecí en medio de la violencia, homicidios, drogas y todo tipo de delincuencia y como era de esperarse, me convertí en delincuente. Fui escalando en este mundo hasta llegar a ser un alto mando en las más conocidas como bacrim ( bandas delincuenciales al servicio del narcotráfico ) pero como todo lo malo o bueno siempre sale al descubierto, fui apresado y enjuiciado por modelitos y posteriormente castigado con cárcel.
Pero ahí se presentó la oportunidad de mi vida y conocí a Cristo. le entregué mi vida y hoy puedo testificar del poder de Jesucristo al cambiar mi vida y las de muchos más en mis mismas condiciones.
Hoy puedo dar fe del amor de Cristo que no hace acepción de personas, sino que vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido,
Dios les bendiga .
Es solo un pequeño resumen de mi vida
Espero sea de bendición .

Adilene Hernández Salvador

México

Hace 7 años, cuando tenia 20 años en el 2011, yo vivía mi vida como normalmente la vive alguien lejos de Dios, estaba incluso enojada con el mundo y me sentía herida por mis vivencias de la juventud, sentía que iba en dirección al viento y que yo estaba vacía nada me saciaba el alma. Una ocasión hice un pausa en mi vida e intenté ser diferente al resto de las personas de mi edad y fue entonces que en redes sociales conocí a un chico que no supe como llegó, pero comenzó a hablarme de Dios por varios días, y pasados esos días me invito a salir con él y sin conocerlo acepté y llegamos al lugar indicado, los sorprendente es, que sin conocernos personalmente, esa invitación fue para invitarme a una iglesia evangélica y cuando entré sentí todo el ambiente distinto; lo mejor fue la predicación, parecía que el pastor estaba describiendo mi vida y como si supiera de la amargura que pasaba en mi corazón. Así inicie mi camino con Cristo, me gustaba asistir y ese chico sin saber como desapareció de mi vida, continué en la iglesia el pastor y los hermanos nunca supieron que yo me congregaba y después de varios cultos el pastor invita a que aceptemos a Cristo y yo desde atrás de la banca hice la oración de fe, no recuerdo el mes pero fue a mitad del año 2012. Aceptar a Cristo como mi Salvador ha sido la mejor inversión para vida eterna.

Nathaly Gonzalez

Colombia

Era una adolescente muy rebelde y estaba contra la corriente de todas las cosas buenas , bueno en esa trayectoria como consumidora y andariega de la calle conocí gente buena y mala pero también bendecidas para bendecir. Dios mueve montañas y transforma corazones y pues me impulsó a no auto dañarme. Ahora soy hija de Papa Dios y gracias a El asisto a la iglesia y no quiero ir atrás, solo le pido que no me suelte, que yo sin El no soy nada.

Camila Llanes

Argentina

Llegué al camino de Dios cansada del tipo de vida que llevaba. Tengo una hija y con esa vida que tenía no podía darle ningún futuro ,eso me oprimía constantemente. Estaba muy dolida y resentida en la vida. Comencé a ir a la iglesia donde iba mi hermana mayor no sabia porqué ni para qué iba pero algo me hacia seguir yendo. Hasta que un día empecé a sentir como Dios me hablaba a mi a través de el pastor . Aprendí lo valiosa que era para Dios y que El siempre estuvo ahí en todo momento siempre me amó solo que yo no creía en su amor, comencé a abrir mi corazón y deje que el viviera en el . A su tiempo Dios hizo milagros en mi vida lo que hace que no me aparté mas (restauración de familia, sanidad en mi hija, con convulsiones entre otras) y quiera que otras personas conozcan un poco del poder de Dios. Hoy tengo 22 años y no me arrepiento de dejar cosas o gente "importante" por DIOS el esta en primer lugar, no es fácil pero vale la pena.

Katherine Abigail Grullon Pimentel

República Dominicana

Soy cristiana desde que tengo uso de razón, nací en un hogar cristiano, mis abuelos eran pastores y crecí en la iglesia. pero como todo ser humano pase muchas dificultades y cometí muchos errores, uno de ellos alejarme del señor.

Desde pequeña Dios me habla y siento su amor hacia mi, pero a los 14 años me dijeron que mi papa no era mi papa sino otro, el cual me rechazo y todas esas cosas marcaron mi vida y se llevaron parte de mi felicidad, pues nuca tuve apoyo de mi padre de crianza y tampoco del verdadero, luche por ser alguien, con muchas frustraciones, sin posibilidades, sin ayuda; no tenia dinero para estudiar, Dios me dio la oportunidad de conseguir una beca, pero aveces ni para el pasaje conseguía. A la edad de 19 años tuve una niña (es una promesa de Dios), me casé y mi esposo se quedó sin empleo cuando recién tuvimos la bebe. Fueron tiempos difíciles, de escasez, hambre, dudas; pero nunca deje de creer que lo que Dios me prometió alguna vez lo cumpliría.

El señor siempre usaba personas a darme palabras y me prometía muchas cosas, un negocio propio para mi esposo, mis estudios, que me iba a usar grandemente y que yo seria ejemplo y ayuda para muchos jóvenes; mi vida se ha basado en errores, caídas, arrepentimiento, intento de buscar de Dios, me caía, me levantaba... y entre tantas cosas he podido comprender que cuando Dios te ama y te escoge nada te puede separar de su amor y su protección, no importa que tan difícil sea la situación.

Pase muchas y empece a experimentar la soledad, la inquietud, falta de paz, me quede si amigos todos me fallaron, problemas en el matrimonio, separación, problemas económicos, estuvimos a punto de quitar el negocio que Dios nos había dado; y yo me preguntaba, Dios mio como puede ser que lo que tu me prometiste ahora se perderá? pero Dios siempre usaba personas para decirme que el cambio de esa situación estaba en mis manos, que empezaba por mi, que mi esposo se acercaría a el después de mi, pero no lo comprendía... cuando vi que era casi el final, me sentía demasiado mal, ya no tenia forma de organizar mi vida; tome la decisión de acercarme otra vez a el. Me dio paz, me dio gozo, mi vida y la de mi familia cambio; empece a ayunar y a orar por mi matrimonio y Jehová hizo la obra. Hoy mi casa y yo servimos a Jehová y puedo decir a boca llena que cristo da paz! búscale y veras su gloria!!!!

Luis Rosales

Venezuela

En el funeral Cristiano de mi suegro (único Cristiano de la familia), los hermanos en Cristo pidieron permiso para decir unas palabras a todos los presentes católicos, los cuales accedieron. Desde ahí me convencí que era el camino verdadero.

Jorge Febres

Venezuela

Fui a llevar familiares a la iglesia y entré a escuchar la Palabra un rato, en espera de alguien con quien me encontraría para ir a parrandear, pero el Señor me llamó y sentí que algo recorrió mi cuerpo, y dije: Señor , si eres tú, voy a servirte. Desde ese momento le sirvo a El. YA han pasado siete años y todavía El es mi guía. Dios te bendiga.

Patricia Carrasco

España

Me casé a los 23 años, nací en una familia cristiana , mis padres son bautistas, soy la segunda de siete hermanos aunque uno ya no esta con nosotros por que el Padre se lo llevó a su presencia , bueno cuando comencé a tener mas independencia ,me puse a trabajar y deje de ir a la iglesia, me casé con una persona que no conoce a Cristo, y me fue muy mal por que me ha sido en muchas ocasiones infiel ,le tuve tres hijas y la última niña que tuve con él tiene dieciocho años y el día que estaba dando a luz él se iba a vivir con otra mujer, quedé destrozada ,abandonada pero como siempre fui echada para delante me propuse salir adelante con mi familia y seguir trabajando, pero a Dios lo tenia apartado, pero estando así comencé a ir a los cultos y un día me invitaron a ir a una campaña que había y me fui con mis tres chavalas y estando escuchando unas alabanzas medio ganas de llorar y llorar, solo quería desahogarme por todo lo que estaba pasando y de ahí en adelante fue como que algo sucedió en mi vida que yo senti la paz y pedi perdón por mis pecados y haberme ido al mundo como hija pródiga, habiendo nacido en una familia cristiana, pero comprendí que el nacer en una familia cristiana no te da la certeza de ser salva hasta que tienes un encuentro personal con Jesucristo yo lo tuve y ahora soy feliz por que tengo la plena certeza que tengo un lugar preparado en el cielo. Una de mis hijas aceptó el evangelio, ahora estoy orando por mis otras dos hijas y mi esposo siempre creyendo que el Señor tocará el corazón de cada uno de ellos por que él tiene una promesa para sus hijos, todos los días oro por mis hijas y mi familia. Dios les bendiga .

Corrado Cassarino

Reino Unido

Santos e incienso. Me Gustaba ir a la iglesia en mi juventud, me gustaba el olor a incienso. Los monaguillos mecían los incensarios, aquí y allá, llenaban la iglesia de humo y olor penetrante. Mi madre era devota de san Sebastián. Ese mismo nombre le había puesto a mi hermano mayor. Me hacia arrodillar a su lado adelante la estatua, recitaba unos rezos, que nunca podía oír. Eso me aburría, pero mi madre decía que era bueno hacerlo, al menos una vez al mes. Pregunté a mi madre quien era ese señor, ese san Sebastián, ella no sabía, solo que era muy milagroso. Cada año en enero, un grupo de vecinos se ponían de acuerdo, luego salían de madrugada, descalzos, en los pies se ponían varias medias de lana, hacia frio. Iban a pies a otro pueblo, distante treinta kilómetros, allí había otra estatua de san Sebastián, mas milagrosa de la que teníamos en nuestra iglesia. Nunca entendí el porqué hacían un sacrificio tan grande teniendo en el pueblo una estatua igual del mismo santo. A caso aquella era mejor conservada, no era como la nuestra, que le faltaba un dedo en la mano izquierda, y la pintura se caía en pedazos. Regresaban con los pies hinchados, ensangrentados, pero satisfechos de haber resistido y cumplido con la promesa, el año próximo debían repetir. Me esforcé en buscar una razón a la religión. Participé a las procesiones de "Maria Ausiliatrice", el veinticuatro de mayo, "San Sebastiano" de la "Chiesa delle anime sante". San Michele, della "Chiesa madre". A todas he participado. No pude lograr una verdadera devoción, no entendía la misa, en latín. El cura decía algo en ese idioma, desconocido para mí, yo le respondía en el mismo idioma, leyendo un folleto que me daban, y luego salía para mi casa, lo mismo como había entrado en la iglesia, nada pasaba. Dios no hablaba el mismo idioma mío, por eso llegue a la conclusión, que no podía entenderme con él. Yo hablaba, pero no me respondía, o al menos así creía. Poco a poco desistí de intentar cualquier comunión con él. Y eso que llegue al punto de cantar una misa en latín, de segunda voz, junto a otros dos compañeros. Desde los catorce años mi vida trascurrió sin Dios, no estuvo en ninguno de mis proyectos. Simplemente no quise saber de Dios. Por no poder encontrarlo, pensé que lo de Dios era una ficción. Hasta los cuarentas años, cuando pasé por una crisis existencial tremenda. Fue entonces, estando solo en el apartamento, que encuentro un libro en la gaveta del mueble a lado de mi cama, el titulo era: “La oración de poder”. Lo regaló a mi esposa un amigo de la familia, y no sé cuánto tiempo estaba en ese lugar, nunca lo había visto, sin embargo estaba en mi gaveta. Esa noche no dormí, me comí el libro completo. Había tenido en mi vida una aversión a lo que era religioso o que hablara de Dios, pero esa noche ese libro me cayó del cielo, fue la providencia de Dios para mostrarme el camino a el. Lo que más me impresionó, de lo que escribía el autor, era que Dios contesta al hombre. Se podía tener una comunicación con él, pero tenía que hacerle preguntas precisas y concretas. Él tenía todo a su alcance para contestarme, y podía hacerlo a través de una persona cualquiera, aun sin que esta se diera cuenta. La petición tenía que hacerse de corazón con la fuerza de una necesidad verdadera, esa petición rompería oposición en los aires, hasta alcanzar a Dios. El escritor lo decía con una firmeza y claridad que pensé que él lo había experimentado, y si le había dado resultado, también a mi podría resultar. Si alguien en este mundo había experimentado una respuesta de Dios, yo la podía experimentar también.
Te estoy ayudando. Estaba en mi trabajo, pesando un color para realizar la formula con la cual se estampaba la tela, con la cuchara en la mano, me sentí como desfallecer, por la tensión interior que vivía y el estrés. Me preguntaba si Dios sabía de mi desesperación y de mi dolor, si estaba viendo mis esfuerzos para buscarle, y si estaría dispuesto a ayudar a alguien que había sido su enemigo. Era viernes en la tarde, cerré los ojos, no había nadie en mí alrededor, me acordé que el libro decía que Dios podría contestarme, que todo estaba a su alcance, solo tenía que tener fe, calladamente hice un clamor. Tenía que hacer una pregunta clara e hice mi pregunta clara: “Señor quiero saber si me estas ayudando”. Abrí mis ojos y me sorprendí al ver que un compañero de trabajo, de otro departamento, estaba batiendo el color que había preparado antes, no pude decir nada, fue él que me habló y me dijo estas precisas palabras: “te estoy ayudando”. No tuve ninguna duda, Dios me estaba hablando, a la pregunta clara me dio la respuesta clara, era verdad lo que decía el libro. Dios podría usar cualquier persona para darme la respuesta, para el compañero era que me estaba ayudando a batir el color, para mí era la maravillosa voz de Dios. La locura que Dios me estaba hablando, y me decía que me estaba ayudando. El mismo Dios estaba hablando conmigo, yo no cabía en mi alegría, fue algo glorioso descubrir eso. Ahora había una puerta abierta en ese muro tan impenetrable, nadie me podía impedir entrar y seguir adelante. No sabía que me esperaba detrás de esa puerta, no sabía que había, pero estaba seguro que debía entrar, y seguir hasta encontrarme con el mismo Dios. Nunca había leído la Biblia sin embargo empecé a clamar a Dios, quería un cambio en mi vida, que empezara todo de nuevo y dejar el pasado atrás, no hice rezos repetitivos, solo abrí de par en par mi corazón. El sábado me quedé en casa, al no tener conocimiento del mundo espiritual, ni del carácter de Dios, entraba en un mundo desconocido, creyendo que estaba solo, pero no era así, no estaba solo. Lo que hice a partir de ese momento, con gran atrevimiento, era debido a mi ignorancia y a la urgencia de mi necesidad. Había en mí un anhelo inmenso de conocer a Dios de verdad, me di cuenta que solo había tenido intentos fallidos de encontrar a Dios en mi vida. Desde pequeño había sido una serie de fallo en la hoja blanca y que la cesta estaba llena de hoja arrugada. Pero ahora me sorprendía a mí mismo, como que esa fuerza no venía de mí, alguien estaba guiándome. Estaba seguro que Dios lo puede todo y lo único que poseía era la convicción de ser claro en la petición, nada más. El domingo en la tarde estando en mi cama, orando como mejor podía, y deseando tener un encuentro con Dios, de repente y por primera vez en mi vida, escucho la voz de Dios que me decía: Sal, es la hora. Fue algo sorprendentemente natural, porque Dios ha creado al hombre para tener comunión con él, lo natural es escuchar su voz, innatural es vivir sin él y no oír su voz. Con entusiasmo me puse la chaqueta, y salí a la calle al encuentro con Dios. Naturalmente pensé que era en la iglesia vecina, donde llevaba las velas, cuando entré había unos bautizos de niños, muchas gentes y todos hablaban al mismo tiempo, suponía que ese era el lugar pero me di cuenta que había confusión y no entendía nada, estaba seguro de mi encuentro con Dios pero no sabía cómo iba a suceder. Entonces otra vez aquella vos interior me decía: Sal, no es aquí. Salí y me dije que esa iglesia no era porque el santo al cual le ponía las velas no había llegado a ser santo de verdad, aunque todos lo veneraban, todavía el Vaticano no lo había canonizado, en el fondo no era santo. Fuera me acordé de la iglesia de santa Teresa, a unas diez cuadras, el santo de allí era más importante, el nazareno de san Pablo. En semana santa venían miles de personas vestidas de morado, hacían colas kilométricas para entrar en la iglesia, seguramente esa era la iglesia. Me fui caminando esas diez cuadras, había muchas gentes en la calle. Al llegar en una plaza, otra vez me sentí como desmayar, me paré y cerré los ojos, las gentes me pasaban de un lado a otro, y me convertí en un estorbo para la circulación. Pensé; “que dirán de mí; está enfermo o así como loco, pero no me importaba” hice una clara y atrevida petición: “Dios necesito que te manifiestes”. Me sentía como en una montaña rusa, un momento lleno de fe y al otro momento abajo y lleno de dudas, pero sin importarme lo que pensaría la gente ni de la duda, había hecho la petición como ya sabía hacerla, clara y precisa.
Lázaro está muerto. Abrí los ojos y empiezo a caminar, uno diez o quince pasos y empiezo a oír una voz lejana, venia del centro de la plaza que debía atravesar. Decía: “…Y Lázaro estaba muerto en sus delitos y pecados”. Avanzaba, tenía que pasar obligatoriamente entre ellos, pues estaban en el camino, sentí que ese Lázaro era yo. No sabía quiénes eran esas personas, pero hablaban de la persona que estaba buscando, Dios, cuando estuve entre ellos el mensaje terminó. Me iba pero uno de ellos dijo: “quien cree en Dios alce la mano”, no sentía que creía verdaderamente y me daba vergüenza levantar mi mano en una plaza, frente a tanta gente, no lo hice. Me iba pues, mi destino era más adelante la iglesia, pero la misma persona dijo: “Quien quiere recibir a Jesucristo como su salvador”. Ninguna persona jamás me había hecho esa pregunta, entonces no me importaron las dudas que tenía, solo vi mi condiciones. No me importo que diría la gente, había semanas que deseaba encontrarme con Dios, que quería tener una vida diferente, una nueva vida, empezar todo de nuevo, olvidar el pasado, ser digno de tener una familia hermosa como la mía. Levanté la mano junto a otras tres personas, oraron por mi yo repetía la oración, fue así que en ese bendito día recibí a Jesucristo como mi salvador. Aquellas personas, que cantan y hablan de Dios en las plazas, que yo tanto había despreciado y tanto me había burlado de ellos, ahora me socorrieron, con ese amor que nunca había experimentado antes. Bendigo al pueblo de Dios que en toda la faz de la tierra, aun en los lugares más apartados en África, Oceanía, llevan la buena semilla. Dios la hace llegar a los que la necesitan, al terreno abonado. El trabajo es de lo más sublime y muchas almas serán benditas por ellos. Ahora sucedió algo importantísimo, fundamental en mi futuro como creyente.
Dudas. Se me acercó uno de ellos y me entregó un nuevo testamento azul y me dijo estas palabras, “Cuando abras la Biblia, no vas a entender nada, dile a Dios que eres como un niño, que te enseñe su Palabra”. Seguí adelante hacia la iglesia que buscaba, cuando entre en ella de inmediato oí, Ve a tu casa. Así me fui a mi casa quise orar y agradecer a Dios pero de inmediato el agarró la batuta, vi como en una película mi vida pasada, cada pecado, mi alma se dolía, y avergonzaba, pedía perdón y perdón y empecé a llorar, yo nunca lloraba, ni sabía llorar. Una vez en el avión de regreso de Italia, vi a mi hermano al despedirse de nuestros padres, llorar inconsolablemente, a mí no me salía una sola lágrima, me sentí avergonzado, mi corazón era duro, como que no tenía amor para ello. Pero ahora no podía parar las lágrimas. Después de una hora, estaba agotado, y me inundó una calma indescriptible, una paz hermosa, estuve en silencio por un tiempo. Vino una duda, “será que Dios me ha perdonado”, ¿podía perdonar a uno como yo, que tanto me había burlado de Él?, no estaba seguro. Días antes, al sentirme tan desorientado había visitado un brujo, adivino, lo encontré en la guía telefónica, este me dijo, indirectamente, que para mí no había perdón. Por eso se hizo tan importante para mí, que el mismo Dios me dijera si me había perdonado. Me vino en la mente una una flecha con un arco. La flecha corría veloz, y en la velocidad Dios podía desviar el recorrido, corregir la dirección hasta dar en el blanco. Estaba claro que solo no podía dar en el blanco, necesitaba su ayuda. También otra imagen pasó por mi mente, un libro con las páginas que pasaban velozmente, como movidas por el viento, Dios podía parar en la página indicada, para darme una respuesta. Parecía que estaba viviendo una locura, pero no me di por vencido. Me atreví como solo los niños hacen, o los que no conocen a Dios, que anhelan fuertemente conocerlo. Traté de hacer como un acuerdo, le dije “Señor, tu sabes que no te conozco, no sé lo que perdonas o lo que no”. Quería encontrar una forma sencilla, a mi medida, para que Dios me respondiera. Pensé que si yo, abriera la Biblia en cualquier página, y con los ojos cerrados metiera el dedo en un versículo, podría responderme Dios, pues no hay nada que no puede hacer. He aquí te hago una pregunta clara: “Necesito saber si me has perdonado”. Con los ojos cerrados abrí mi Nuevo Testamento, puse el dedo en un versículo y leí, hablaba de caballo en una batalla. Me angustié, me vino la duda, estaba haciendo algo inútil, pero no me di por vencido. Esta vez clamé con mas fuerza, necesitaba una respuesta, y entonces con los ojos cerrados abrí de nuevo el librito y puse el dedo en el medio, abrí los ojos, debajo exactamente de mí dedo leí:

“…Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”. Mateo 09-02

Ya había tocado el cielo, no cabía en mi mente el gozo de saber que Dios estaba hablando conmigo. Le agradecí por su perdón y por concederme la respuesta, sabía ahora que podía hablar con él y que escucha verdaderamente. Estaba feliz. Más tarde abrí la Biblia y no entendí nada, me acordé de lo que me dijo aquel hombre en la plaza y dije a Dios; ¨Soy como un niño enséname tu palabra¨. No esperaba ninguna respuesta en ese momento, pero esta vez fue Él quien me dijo que abriera el librito, hice lo mismo que antes y estaba escrito:

No seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar. 1Corintios 14:20.

Así Dios empezó a hablarme por su palabra, ya no cerraba los ojos, solo encontraba la respuesta en el versículo que Dios me daba por su misericordia. Cuando él quiere no cuando yo quiero, yo no puedo hacer nada, a veces él lo hace sin que yo pida una respuesta. He tenido muchas experiencias en ese sentido, Dios me está hablando de esa forma. Pero un día, esperando la biopsia, habiendo serios síntomas de un probable cáncer de próstata, y con la sensación de estar en peligro mi vida, Dios me hablo que me iba a sanar. El momento era tan peligroso para mí, que salí de la casa como angustiado, me sentía todavía inseguro de la respuesta que Dios me había dado. Empecé a dudar, para mí fue fácil estar seguro que Dios me hablaba por su palabra, pero ahora que estaba en juego mi vida, no me sentía seguro. Era mucho lo que había en juego y quería estar más seguro. Iba al mercado, vi la Biblia que estaba en la puerta del carro, la abrí como hacía siempre y estaba; “Yo soy el que habla contigo”. Dios me habla no porque yo sea especial, al contrario soy como dice el apóstol, un abortivo lo último de sus hijos, y aun así Dios habla conmigo, lo hace con todos sus hijos.




Biblia en linea
"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6)
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